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El 60% de los argentinos tiene tatuajes

Hay 3 datos que llaman atención.

Lunes, 26 de enero de 2026

Lo que hace apenas dos décadas era visto como un gesto marginal o de rebeldía hoy forma parte del paisaje cotidiano.

Los tatuajes dejaron de ser un símbolo subterráneo para convertirse en una marca identitaria extendida en la sociedad argentina.

Así lo confirma un nuevo relevamiento privado que revela que 6 de cada 10 argentinos tienen al menos un tatuaje, aunque la aceptación social todavía encuentra un límite claro: el mundo del trabajo.

El estudio, titulado Radiografía del Tatuaje en Argentina y elaborado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE sobre más de 2.000 casos, muestra que la tinta ya no es una moda pasajera, sino una práctica consolidada, especialmente entre jóvenes y mujeres.

Tres datos que rompen mitos

El informe deja al descubierto tres datos que llaman particularmente la atención.

El primero es que el arrepentimiento es mínimo: menos de 1 de cada 10 personas, apenas el 15%, afirma lamentar haberse tatuado alguna vez.

El segundo dato marca un cambio cultural profundo: la estética dejó de ser el principal motivo.

Solo el 7% se tatúa por razones vinculadas al diseño o la apariencia, mientras que el 41% lo hace por una búsqueda simbólica o personal, asociada a recuerdos, vínculos, momentos de vida o procesos emocionales.

El tercer punto clave es a largo plazo. Lejos de imaginar el tatuaje como un error juvenil, el 49% de los encuestados cree que sentirá orgullo de sus tatuajes dentro de 30 años, reforzando la idea de que la tinta funciona como una narrativa biográfica permanente.

Ellas se tatúan más (y no se quedan en el primero)

El relevamiento también expone una brecha de género llamativa

En promedio, las mujeres tienen un 50% más de tatuajes que los varones: tres diseños frente a dos.

Además, el acto de tatuarse rara vez es aislado. Entre quienes ya tienen tatuajes, el 32% posee más de seis, lo que transforma al cuerpo en una suerte de archivo personal donde se acumulan experiencias, etapas y significados.

Este dato refuerza la idea de que el tatuaje ya no responde a una lógica impulsiva, sino a una práctica sostenida en el tiempo.

Aceptación social, con un límite claro

A pesar de su masividad, los prejuicios no desaparecieron por completo. 

El 75% de los encuestados identifica al ámbito laboral como el espacio donde persisten las miradas más críticas hacia los tatuajes.

El estudio traza una frontera nítida entre sectores productivos. En áreas como Marketing, Tecnología (IT), Diseño y Gastronomía, la presencia de tatuajes es mayor y suele asociarse a la creatividad, la autenticidad o la identidad personal. En estos rubros, la tinta aparece incluso como un capital simbólico positivo.

En cambio, en sectores más tradicionales como Derecho, Salud y Finanzas, aunque la práctica está cada vez más normalizada, siguen existiendo tensiones vinculadas a la "imagen profesional", los códigos de vestimenta y la exposición de los tatuajes en contextos formales.

De la rebeldía a la identidad

El informe confirma un giro cultural: el tatuaje dejó de ser un gesto disruptivo para convertirse en una forma de expresión masiva, atravesada por el sentido, la memoria y la identidad.

Si bien el mercado laboral continúa siendo el principal espacio de resistencia, la tendencia general apunta a una mayor aceptación social.

En ese camino, la tinta parece haber sellado su lugar definitivo en la piel -y en la cultura- de los argentinos.

Fuente: BAE Negocios

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